Sonríe, sonríe lo que pasó: que quisimos vivir entre fantasmas oníricos en
un vacío de sueño algo que nunca existió. Sonríe pese a la nostalgia de mariposas de vuelo lento, porque
fuimos una lluvia de acero sobre la mentira de las políticas y no perdimos la
luz en el intento. Sonríe estos últimos segundos mientras nos damos cuenta de
que hemos sido muy valientes pero sólo dentro de nuestro juego. Desanda los
puentes de arco iris nocturnos y comprueba que contra esta realidad no te
rompes porque hay pan caliente, niños que ríen y afectos eternos que te
salvarán siempre. Sonríe lo que pasó, siente el aliento del mundo agitando el trigo verde.
Foto Sara Baquero Leyva
30.3.13
Una verborrea de Gabby una tarde que bebía zumo de mandarina en un banco.
"Una línea
de la mano rota
sujetando
una vida
de cuatro
extremos
de dos
tiempos
de dos
personas a cual más insolente con el destino
haciéndose
eco de la ruptura
los
nudillos se agrietaban con el frío
la
sensación más calma es un guante de lana gordo
combate
ese absurdo de "tocando fondo puedes estar tranquilo, a peor no irá"
no hay
porqué reconfortarse en el barro
tienes
derecho a los mismo amaneceres que cualquiera
tampoco el
barro es tan terrible
sólo es
tierra mojada
y un poco
pringosa
pero nos
gusta la tierra y nos gusta la lluvia
así que
tampoco nos tiene que asustar
si
llegamos de cuando en cuando hasta las orejas de barro
es bonito
creer que existen los viajes en el tiempo
aunque se
deban a la siniestra conjunción entre dos agujeros negros
y nunca tendremos
remota idea del transcurrir de segundos
podemos
aprender que no existe
y tratar
de sacarle las cosquillas a los ciclos en que fluimos
llamas de
energía en la sangre
no me he
perdido pero casi
bah! qué
más da lo que digo
en un rato
EL
VERDADERO VERSO SERÁ LA LIBERTAD SONRIENDO EN TI SALIENDO DE LA BOCA DE METRO
mientras entre
zumo de mandarina
escuchar a
la gente por la calle y reírte con sus bromas
esas
expresiones divertidas y puras
es una
gran comedia el mundo y la vida
y que gane
la luz por más tragedias que tapicen nuestras sociedades
yo
sociedad quería creer que era gente cuidándose
no un
ejército de caracoles de patata cabreados por su paso por la freidora
no un
desgarro de mariposas blancas salpicando rojos de dolor
yo
sociedad quiero creer que es gente cuidándose
y no es un
desquicio
es un gran
amor
y nunca me
rindo con los grandes amores."
GLPD.
Foto: Sara Baquero Leyva
GLPD.
Foto: Sara Baquero Leyva
Piel de mariposa.
Caen los platillos chinos del malabarista.
Las palabras calladas pierden el equilibrio.
El grito de una verdad que desangraría los silencios.
Siempre hay...
un libro sobre la libertad en el cajón de expurgo,
una mariposa blanca en la lavanda.
Perdóname
porque sólo soy una bata blanca más
que no sabe cómo
devolverle justicias a tu piel.
Una bata blanca más
que aún no ha descubierto el secreto que recupere
los anclajes de tu epidermis.
En este mundo en que la ciencia avanza a golpe de dólar,
no cesemos la voz.
Que sepan del recorrido de tus cicatrices,
que no miren para otro lado,
que no se atrevan a silenciar el escozor de tus ampollas
tras deshumanizadas estadísticas.
Que no se asuma el sin-remedio
de que alimentarte te duela.
Que gire la rueda médica tras las curas
y en ella viajen también las vendas que envuelven tu piel.
No hay enfermedad rara
mientras haya una sola persona que la padezca.
No permitiremos excusas de terminologías alejando el problema,
no más investigaciones atadas a las economías
en frenética y macabra danza.
Perdóname, sólo soy una bata blanca más
que sólo sabe desinfectar tus heridas,
tratar de ganarle partidas a las secuelas.
Una bata blanca más
gritando por tus caricias de cristal.
Las palabras calladas pierden el equilibrio.
El grito de una verdad que desangraría los silencios.
Siempre hay...
un libro sobre la libertad en el cajón de expurgo,
una mariposa blanca en la lavanda.
Perdóname
porque sólo soy una bata blanca más
que no sabe cómo
devolverle justicias a tu piel.
Una bata blanca más
que aún no ha descubierto el secreto que recupere
los anclajes de tu epidermis.
En este mundo en que la ciencia avanza a golpe de dólar,
no cesemos la voz.
Que sepan del recorrido de tus cicatrices,
que no miren para otro lado,
que no se atrevan a silenciar el escozor de tus ampollas
tras deshumanizadas estadísticas.
Que no se asuma el sin-remedio
de que alimentarte te duela.
Que gire la rueda médica tras las curas
y en ella viajen también las vendas que envuelven tu piel.
No hay enfermedad rara
mientras haya una sola persona que la padezca.
No permitiremos excusas de terminologías alejando el problema,
no más investigaciones atadas a las economías
en frenética y macabra danza.
Perdóname, sólo soy una bata blanca más
que sólo sabe desinfectar tus heridas,
tratar de ganarle partidas a las secuelas.
Una bata blanca más
gritando por tus caricias de cristal.
A la sombra de la escombrera.
Desear con todas nuestras fuerzas
encontrar rincones de luz
entre escombros de un mundo desterrado.
un mundo de seres desterrados,
de luces de neón llenas de mugre
parpadeando sus últimos fogonazos.
Le dolemos a la Tierra y la enfermamos,
y sin decencia nos creemos
con derechos sobrenadantes
a los de otros co-habitantes de este planeta,
llamados menores en inteligencia o sentimientos
sólo porque no tenemos ni idea
del idioma tras los arrullos de los gatos
o el canto de los delfines.
Poder resumir las noticias
en un inmenso "GAME OVER"
y salir corriendo repartiendo relámpagos rojizos,
como las ardillas cuando corren bajo el sol,
sólo que los nuestros están hechos
de señal de prohibido, de aviso de peligro,
de pánico.
Miro la estatua del ángel caído,
su silueta de alas rotas.
¿Cuántos niños directamente nacen
en los infiernos que hemos creado
sin haber cabreado a ningún tipo de dios?
En nuestros periódicos las alas infantiles se deshacen
entre casas desahuciadas, esclavitudes,
hambrunas, sed, fiebres, bombardeos
en la noche Siria dejando atrás el hogar
y la escuela y el presente y el futuro.
Terrores estremecedores,
inocencias arrancadas.
No hay juegos de magia
ni cuerda con la que trepar a la luna
cuando pisan sin zapatos
fangos ácidos y contaminados.
¿Cómo puede ser que en cada ciudad
la historia, antes o después, haya dejado
varios "monumentos a las víctimas"?
Menos en aquellos lugares donde
las víctimas son tantas...
que se llaman "ciudadanos",
si se les llama de alguna forma.
Para muchas personas
la tierra prometida, la de las grandes oportunidades,
es la misma del país que les roba los recursos
y les sume en la pobreza.
Sigue habiendo mujeres
que sufren las calamidades de ser "nada"
mientras sostienen todo el peso de la realidad
en sus hombros y le rinden batalla.
Sigue habiendo hombres y mujeres,
padres y madres,
que ven arder el pedacito de tierra
con el que alimentaban a sus hijos
y luego sudan labrándola
por las miserias que les dé
la misma multinacional que les echó
entre cenizas e impotencia.
La salud y la educación
pasan al mejor postor
y a tu buzón llegan
con "factura de hipoteca y a callar",
que menudo derroche que todos
pudiéramos superar la enfermedad
y tener la llave a un futuro.
Muere un joven sin oportunidad de otro destino
por un decreto inhumano y les parece exagerado
que lo tachemos de apartheid sanitario.
¿Cómo confiar en un mundo
donde no se salvan primero los niños?
Por ellos precisamente.
Por cada una de sus risas entre juegos.
Porque ahora, en algún lugar de un campo de refugiados,
un niño recibe un lápiz y un cuaderno
y bailan dichosos sus ojos
como esponjas por la pizarra.
Porque ahora, en algún lugar de Madrid,
un animal abandonado encuentra un hogar
y la naturaleza, pese a todo, sigue explosionando vida
y flores de hielo árticas como estrellas en las aguas.
Porque nuestro sino es ser poesía infinita,
le pese lo que le pese a los seres petro-dolar.
encontrar rincones de luz
entre escombros de un mundo desterrado.
un mundo de seres desterrados,
de luces de neón llenas de mugre
parpadeando sus últimos fogonazos.
Le dolemos a la Tierra y la enfermamos,
y sin decencia nos creemos
con derechos sobrenadantes
a los de otros co-habitantes de este planeta,
llamados menores en inteligencia o sentimientos
sólo porque no tenemos ni idea
del idioma tras los arrullos de los gatos
o el canto de los delfines.
Poder resumir las noticias
en un inmenso "GAME OVER"
y salir corriendo repartiendo relámpagos rojizos,
como las ardillas cuando corren bajo el sol,
sólo que los nuestros están hechos
de señal de prohibido, de aviso de peligro,
de pánico.
Miro la estatua del ángel caído,
su silueta de alas rotas.
¿Cuántos niños directamente nacen
en los infiernos que hemos creado
sin haber cabreado a ningún tipo de dios?
En nuestros periódicos las alas infantiles se deshacen
entre casas desahuciadas, esclavitudes,
hambrunas, sed, fiebres, bombardeos
en la noche Siria dejando atrás el hogar
y la escuela y el presente y el futuro.
Terrores estremecedores,
inocencias arrancadas.
No hay juegos de magia
ni cuerda con la que trepar a la luna
cuando pisan sin zapatos
fangos ácidos y contaminados.
¿Cómo puede ser que en cada ciudad
la historia, antes o después, haya dejado
varios "monumentos a las víctimas"?
Menos en aquellos lugares donde
las víctimas son tantas...
que se llaman "ciudadanos",
si se les llama de alguna forma.
Para muchas personas
la tierra prometida, la de las grandes oportunidades,
es la misma del país que les roba los recursos
y les sume en la pobreza.
Sigue habiendo mujeres
que sufren las calamidades de ser "nada"
mientras sostienen todo el peso de la realidad
en sus hombros y le rinden batalla.
Sigue habiendo hombres y mujeres,
padres y madres,
que ven arder el pedacito de tierra
con el que alimentaban a sus hijos
y luego sudan labrándola
por las miserias que les dé
la misma multinacional que les echó
entre cenizas e impotencia.
La salud y la educación
pasan al mejor postor
y a tu buzón llegan
con "factura de hipoteca y a callar",
que menudo derroche que todos
pudiéramos superar la enfermedad
y tener la llave a un futuro.
Muere un joven sin oportunidad de otro destino
por un decreto inhumano y les parece exagerado
que lo tachemos de apartheid sanitario.
¿Cómo confiar en un mundo
donde no se salvan primero los niños?
Por ellos precisamente.
Por cada una de sus risas entre juegos.
Porque ahora, en algún lugar de un campo de refugiados,
un niño recibe un lápiz y un cuaderno
y bailan dichosos sus ojos
como esponjas por la pizarra.
Porque ahora, en algún lugar de Madrid,
un animal abandonado encuentra un hogar
y la naturaleza, pese a todo, sigue explosionando vida
y flores de hielo árticas como estrellas en las aguas.
Porque nuestro sino es ser poesía infinita,
le pese lo que le pese a los seres petro-dolar.
A la ternura... a la ternura... a la ternura...
"Pies encallecidos por las huidas, ojos puestos en un
escondite extraño. Odio poder contarte que supe del frío interior hasta el
extremo, que me permití la inyección de anestesia directa al centro de cada
sensación. Una jaula asfixiante en la que nada te conmueve ni excita ni
entristece, en la que el mundo te toca y no puedes sentirlo. Del último mamut
supe que los glaciares no son eternos. La risa de un niño bajo un sol de marzo embistió
los hielos. Ahora, que hasta yo me río de la ingenuidad con la que acumulo
intenciones, sé que sólo soy el resultado de lo que me juré aquel día. Sigo
avergonzándome de mis lágrimas, pero ahora al menos no me dan miedo. Sigo
reconociendo con familiaridad las vías de escape, pero ahora estoy demasiado
enamorada de saberme viva como para volver a recorrerlas. Amo, más incluso
que al amor, a la ternura... a la ternura... a la ternura... a la ternura... a
la ternura que me salvó las aguas claras. Por eso, cada vez que la encuentro me
hace galaxias la vida."
Gabby Lechuga Pies Descalzos
Maria Helena cada martes nos regala un juego.
Caballos blancos volaban en la tierra batida
zumbaba el viento en mis oídos un destino infinito
todos los caminos salvajes tramas insensatas de nuestros sueños
"pienso en mi miedo la noche aquella
cuando los caballos silbaban en la alameda"
pienso en tantas fábricas de intoxicación
monotonías de un mundo que no queríamos ver tan gris
pienso en los miedos, en todos los miedos que caben bajo una bata blanca
pienso en la primera mano que estreché a la izquierda de una cama
con tantos instrumentos sosteniendo su vida
y esa sonrisa entregada
pienso en vosotros
y en ese desbocado caballo blanco
que al fin ha galopado a vuestro destino:
que el amor no pierda el pulso en una camilla.
"Poder gritar algo
más que viento"
Alguna vez quise ser
viento
para colarme entre tus
pies
hacerte cosquillas en los
pulmones
jugar con las páginas de
tu libro de noche
acurrucarme en el ínfimo
espacio entre las sábanas
y tus sonambulismos.
Ser aire para formar
parte de tu risa.
Quería gritarte que me he
enamorado de ti.
Quería gritar que estoy harta
de la política.
Quería gritar tantas
cosas...
"Poder gritar algo
más que viento."
"Y retumba en mis
oídos
la ola de tu
recuerdo"
Y te recreo entre vinos
y ninguno sabe tan bien
como sabrían tus
labios...
si fuera merecedora de
ellos.
Háblame, no pares,
hables de lo que hables
yo sólo siento
que no hay un mejor
momento en mi vida.
Llueven estrellas me
avisó un cantor
y en tus ojos llovían
cientos de versos.
No lo pienses,
llueve sobre mi piel tu
risa
y arde en deseos de ser
cualquier segundo perdido entre tus gemidos.
Dame la oportunidad de
algo más que soñarte.
Déjame enseñarte cómo
pueden llover besos en cada uno de tus resquicios.
Te recreo
"y retumba en mis
oídos la ola de tu recuerdo"
tu recuerdo me parece tan
lejano pese a no serlo
porque cada segundo sin
ti marca una eternidad no exprimida de mi vida.
"no seré yo quien
mate la última hormiga"
ni la primera ni la
segunda
soy más de mirarlas
danzar
tirando del mundo en sus
filas negras
y amar que sean tan
pequeñas
tan pequeñas como
nosotros
y saber que la hierba
no la fuman ni la pisan
la recorren como si fuera
un planeta entero
"no seré yo quien
mate la última hormiga"
si seré quien la ame
aunque quienes nos ven
como hormigas
jamás dirían lo mismo.
Foto de Sara Baquero Leyva
Insomnio nº 100.
Enterrarnos en esta bendita sed
de libertad
que nos hizo hijos raros de un
mundo
con los caminos trazados.
"Y
golpear con fuerza la tierra en estampida silenciosa y ser crines al viento y
marcharse lejos... No lo ves porque tú no puedes ver la libertad estallando con
su titánica tempestad, con sus caricias de cristal burbujas siendo cielos
enteros de colores y anhelos..." Gabby Lechuga Pies Descalzos
Las copas de vino han chocado,
derraman su interior en el mantel.
Miramos absortos esa herida de nuestro destino.
Bébeme entera,
aunque solo sea una vez y de un trago,
bébeme entera.
Para que cuando me rompa
no quede nada con lo que empapar la mesa.
"La
vida era una burla continua así que se puso su mejor gorro de bufón y acudió a
la actuación dispuesta a estrellarse y de cada golpe salió una carcajada viva y
de cada tartazo en la cara una dignidad por nadie comprendida. Tal fue su loca
ceremonia que hasta la propia vida aplaudió y la risa, una vez más, les salvó a
todos." Gabby Lechuga Pies Descalzos
Brindo por los años luz que nos
salvan
de la red de
las fronteras del sentir y el existir.
"Nombres que nos resuenan a canción dulce susurrada desde la
eternidad que agita el trigo verde. Nunca tengo
frío. Sólo tengo que tararear tu nombre con los ojos cerrados como con un bello
mantra... y entonces el aliento del mundo, entonces llega el aliento del mundo.
Ya no tengo frías las manos,
ya
no
nunca. " Gabby Lechuga Pies Descalzos
Una risa de aquellas que te
sacan las entrañas,
así se juró que sería su vida.
"Y la hierba
mojada descalzos me das la mano hemos llegado a un lugar distinto. Que algún
día caminaremos descalzos por la hierba húmeda saludándonos con abrazos
amándonos desde el primer momento. Aullar fuerte las lágrimas a la luna que se
las traga y las devuelve lloviéndonos flores, aullaros un te quiero
desgarrado." Gabby Lechuga Pies Descalzos
"Incendió
los caminos de huida. Nadie debía encontrar sus huellas. Nadie vería ese dolor
frio que teñía sus ojos. Y la ternura, la ternura también se incendió. Los ecos
de Pierrot como cenizas en el suelo. Por eso lloró al mirarse al espejo viejo
del patio abandonado. Por eso aquel pasó a ser su hogar, no mas techos. Solo
cielos. Solo... solo... cielos." Gabby Lechuga Pies Descalzos
La huida en
busca de la libertad no es huida si busca en el salvaje corazón de las cosas.
"Vivir al
límite de la protección interior por saborear hasta el último gramo de éxtasis
en todo ha de asumir el riesgo de que los dolores te destruyen hieren con más
facilidad y ahí es cuando dentro de la jungla emocional necesitas arroparte
recuperando la paz interior. Y seguir siendo así como soñábamos, pies rojos
salvajes plumas y piel descubierta con sueños de bosques no masacrados. Seguir
siendo Pierrot desconsolado por amar a la luna. Seguir siendo lo que siempre
jugamos juntas ser." Gabby Lechuga Pies Descalzos
arrancando
la voz de nuestro extasiado amado puro imperfectamente prodigioso rincón
inconquistable.
Foto de Sara Baquero Leyva
La dirección de giro de la timidez.
"No
sé cómo pasó ni porqué. Sólo me di cuenta tarde que mi mente estaba lanzando en
cohetes todas mis ideas sin filtro. Contigo, porque tus ojos resultaron
seguros, cálidos y sentí dentro que no juzgarías, que entenderías esos
quebrantos mezclados con caos, con euforia y con locura y más de una estupidez.
Los veía salir volando y sólo cuando caía sobre mí el reflejo de lo dicho
retumbaba dentro y comprendía mis propias palabras y cómo de desastre podían
ser aquellas que no podían elevarse y explotaban en el suelo arañando la acera,
abriendo un hueco de distancia por el que se colaron mi vergüenza y mi miedo. Y
así te quise más que nunca y me asusté más que nunca y probablemente giré hacia
fuera invirtiendo mi tozuda tendencia."
Gabby Lechuga Pies Descalzos
Macarrones.
En la cocina
todo me sale siempre para dos o más.
El inconsciente calling...bip bip...
¡Déjame tranquila Freud!
Ya sabes que yo
voy de "forever young"
y lo de "rebel independance"
al final siempre nos altera la fluencia.
No insistas psico-conciencia,
mejor cómete los macarrones que hay para dos, como siempre.
Pronto, una sonrisa libre.
Con qué
valor negar
que rodar
por los inviernos de este mundo
no
es
igual
si se hace
al abrigo de otro cuerpo.
Hay
razones que nunca convencen
por mucho
que sean
las más
sensatas
que
hayamos
odiado
en nuestra
vida.
Decirte
adiós
quizás no fue su decisión más inmaculada de certezas
ni el
convencimiento cesó los titubeos de la voz
ni
abandonó la garganta la duda de los "peros".
Qué lejos
(tantas
veces)
lo que se
debe
y lo que
se querría deber.
Era la
mujer de su vida
y la
estábamos perdiendo
por un
golpe de raciocinio inmutable.
Cuántas
veces las circunstancias nos disponen
ser
ángeles en un teatro del absurdo
llorando
vértigos
reclamando
a los sentimientos el abrir de puertas.
¿Cómo no
va a asustar
que a
alguien le baste una llamada
para
detonarte los "te quiero" de la garganta?
¿Cuántas
veces ponerlos en "mute"
para
dejarnos sólo a nosotros mismos estas guerras?
Recordar
que un día te enamoraste
y que el
tiempo logre
que
saberlo te despierte una sonrisa libre
libre de
lágrimas, de besos al viento amargos,
una
sonrisa libre y viva,
una
sonrisa al tiempo
sólo con
saber que un día te enamoraste.
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